La democracia también necesita color

Hace unos días publiqué en Diario de Mallorca un artículo en el que compartía una reflexión que me ronda desde hace tiempo: ¿qué está pasando con la relación entre los jóvenes y la política?

Se repite mucho la idea de que la juventud pasa de todo. Que no participa. Que vive desconectada. Pero cuando rascas un poco, la realidad es bastante más interesante.

Los jóvenes no han desaparecido de la política. Simplemente no siempre están donde esperamos encontrarlos.

No están tanto en las urnas, es cierto. Pero están en las calles, en movimientos sociales, en causas concretas, en debates que muchas veces los adultos aún no hemos terminado de entender del todo. Están, pero a su manera.

Recuerdo una pancarta que leí una vez:
“No somos antisistema, el sistema es antinosotros”.

Y ahí hay una pista importante.

Quizá el problema no es que los jóvenes no quieran participar. Quizá el problema es que nuestras instituciones todavía no saben del todo cómo escucharles, cómo integrar sus formas de ver el mundo, cómo abrir espacios reales de participación más allá de lo formal.

Porque la democracia no es solo votar cada cuatro años. Es también sentirse parte. Poder opinar. Imaginar. Construir.

Y aquí viene la pregunta clave:
¿qué pasa con quienes todavía no tienen derecho a voto?

¿No tienen nada que decir?

De esa inquietud nace Divercràcia.

Un libro que no pretende dar respuestas cerradas, sino abrir preguntas. Que invita a mirar la democracia desde otro lugar. Más creativo, más inclusivo, más abierto. Un lugar donde incluso quienes aún no pueden votar también pueden imaginar, opinar y formar parte.

Porque tal vez la democracia del futuro empieza justo ahí:
cuando dejamos de verla en gris… y empezamos a llenarla de color.

Si te apetece descubrirlo, puedes encontrar Divercràcia aquí:
👉 www.minipolitica.eu/divercracia


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *